Es inútil, por más que lo pienso, no obtengo la respuesta.
¿Cómo sería mi vida sin correr? Lo más probable es que no sería la misma
persona. Sería posible que fuera un apacible hombre de familia con su barriguita y su culo gordo, ya que
tiendo a engordar, y más a mi actual edad. Quizás en vez de tomarme mi infusión
antes de dormir, pues me tomaría un vaso se Cola-Cao migado de galletas, tan
espeso como para mantener la cucharilla firme. Quizás antes de acostarme pues
me hubiera bebido un Ron-Cola del que era muy aficionado entonces, no hasta
límites extremos, pero algún que otro caía entre semana.
No es plan de ponerse tan extremista, igual me hubiera dado
por no dejar la ornitología del que era aficionado de adolecente, o a la pesca
submarina, a la espeleología, al
montañismo, que era lo que hacía los fines de semana y en las vacaciones. Esas son cosas que nunca se sabe.
De lo que si estoy convencido es que correr es lo que más me
gusta y lo que más años llevo practicándolo con creces. Como dice Murakami “he sido capaz de correr por más de veinte años porque va con mi
carácter”. Soy un tipo que gusta de estar en soledad, que no es lo mismo
que estar solo, y en esa hora larga, que se duplica o triplica un sábado o
domingo, me hace sentir bien y evadirme de los problemas. Me da la opción de quitarme la rabieta, o dar
con la solución a mis dudas y proyectos. Mi mente se abre y reflexiono. Si he
discutido, tenga o no la razón, al acabar entre sudores y resoplidos, me vuelvo
más dócil y cedo con más facilidad.
Corro solo según mi estado de ánimo y de forma. Ahora que no
ando ni para atrás, lo prefiero hacerlo
en solitario, para correr con esas máquinas hay que estar en forma. Pero
reconozco que aún estando muy en forma, he dicho alguna mentira sin malicia
para escapar con mi amiga soledad. (No penséis mal, ya me gustaría tener una
amiguita de carne y hueso llamada con ese nombre.)
Como me iba a imaginar que a mis cuarenta y siete años seguiría siendo corredor cuando me inicié
aquella tarde de agosto del 96. El giro que dio a mi vida fue espectacular, yo
diría que radical, a pesar de que no aguanto los radicalismo. No concibo mi
vida sin correr, y más aún cuando ando lesionado como ahora por culpa de la
espalda. Esa droga llamada la de la felicidad, esa que todos conocemos, esa que produce nuestro
cerebro y llamada sabiamente Endorfina es la culpable de todo.
Necesito correr un mínimo semanal de 60 Km si no preparo nada,
es mi kilometraje perfecto aunque lo ideal son los 80, pero reconozco que cada
vez me cuesta más mantener ese kilometraje semana tras semana. En esos límites
me andaré de cara al verano, ya me gustaría que fuera verdad, por lo menos lo
intentaré, ya que los motivos son buenos, haber cuál de ellos es el mejor.























